El desierto de Terra Boa

Olá queridos leitores…

Último post del viaje, para dejar las cosas rematadas. Poco que contar sobre el día de descanso (que solemos dejarnos libre para al menos descansar de horarios y planes), salvo que sigo admirando a la gente que es capaz de tirarse todo el santo día en la playa y/o piscina sin hacer nada. Tenemos unos vecinos de habitación que desde las 8 y pico de la mañana y hasta las 7 de la tarde que cierran la piscina se pasan los días tumbados en la hamaca sesteando. A ratos sueltos leen un poco o se dan un bañito con la agilidad de una morsa dejándose caer al mar. Ni siquiera se acercan al bar, lo único que los levanta de ahí es el hambre a mediodía y el paseo por la tarde antes de cenar, que se toman con aspecto de agotamiento total… Nosotros, que no aguantamos así más de un par de horas, nos apuntamos a una excursioncilla de una mañana por la isla, para al menos hacernos una idea de dónde hemos estado.

A las 9 nos vino a recoger -en un minibús lleno de españoles paletos- un chavalote simpático que se llamaba Chan (en realidad se llamaba Elessandro, pero su abuela dijo que eso era muy largo y que se quedaba con Chan) y que nos ha ilustrado el viaje con gran cantidad de datos e información completamente inútil que vamos a resumir para no aburriros mucho.

La Isla de Sal es, según Elessandro Chan, la más rica del archipiélago, porque es dónde vienen los turistas con pasta y no como las demás a las que sólo van los tirados del kite surf de acampada porrera. Apenas tiene 25Km de largo y 12 de ancho, es desértica de origen volcánico y debería independizarse de las demás islas, que son unas gorronas. No hay vegetación (apenas unas acacias raquíticas que plantó la ONU a ver si sobreviven) ni agua (porque no llueve casi nunca y, por tanto, no hay mosquitos ni epidemias), que sacan del mar en plantas desalinizadoras montadas por una empresa española. La gente es pobre pero alegre, los vecinos se ayudan unos a otros y durante la pandemia las pasaron canutas porque no iba nadie. Ahora que han vuelto los turistas lo que faltan son guías, así que está muy contento porque tiene el curro asegurado. Ah, y aprendió español viendo culebrones mejicanos…

Fuimos a ver la capital de la isla, Espargos, que no tiene el menor interés, un par de playas para hacer el turista en dónde viven jubilados europeos con ganas de tranquilidad, y un espejismo. Sí, tienen un espejismo fijo al final de una llanura desértica que te venden como si fuera la mayor de las maravillas y que cuando lo ves descubres que es exactamente igual que lo que se ve en verano al final de una recta de autopista en Castilla. El caso es que el entorno, cuando uno ignora los comentarios paletos de la garrulada nacional que nos acompañó, es una pasada. No se qué tendré yo con los desiertos, pero los dos o tres que he visto me han dejado fascinado. Este se llama Terra Boa (no lo metáis en el traductor de google, ya os digo yo lo que significa: Tierra Buena. Me pregunto qué había bebido quién le puso el nombre…), es un desierto rocoso (o sea, no hay dunas de arena como en el Sahara) completamente plano salvo un par de cerros que son volcanes apagados. Muy chulo.

Allí el amigo Chan se ha venido arriba y se ha tirado sus buenos 20 minutos haciendo fotos a las parejas jugando con la perspectiva, riéndose como un loco chiflado con la ocurrencia y llamándome «señor serio» porque a mi, como leonés de raza, no me hacían ni maldita la gracia las fotos ni los comentarios. Bueno, algún chiste aceptable soltó, pero mi falta de sentido del humor me impide demostrarlo. Ver aquí abajo una pequeña muestra de las chorradas que hay que hacer a veces en esta vida errante de nómada turista ocasional:

El resto de la excursión no tiene mucho más que contar, la mayor atracción es un agujero (llamado Buracona-Blue Eye Cave) encima de un acantilado por el que te asomas y que, cuando le da el sol, se pone de color turquesa. Ya ves tu. Pues alrededor de esa tontería han montado una romería tremenda, con restaurante, jardín botánico de plantas de aloe requemadas y centro de interpretación. Y tres pavos de entrada por turista…

Reseña gastronómica
Bueno, al fin he podido probar la famosa langosta a la brasa tan típica de Cabo Verde. Será típica para los turistas porque dudo yo que haya mucho caboverdiano dispuesto a pagar la pasta que nos sacaron por el invento. Te traen tres platos basados en langosta, incluyendo un arroz bastante aceptable, pero el bicho en sí no es muy sabroso que digamos. Viene enterrado en una generosa mezcla de lechuga de sobre y zanahoria, imagino que para que no te decepciones mucho si lo traen a la vista. Juzgar vosotros mismos

Poco más que contar, el último día consistió en esperar entre piscina y cerveza a que dieran las 10 de la noche para irnos al aeropuerto y aguantar estoicamente un vuelo nocturno de tres horas y media hasta Lisboa y otro matutino hasta Madrid. Noche en blanco, vamos, con las tres horas que pierdes al volver. Al menos fue del tirón y no hubo problemas de maletas o retrasos. Si alguno está interesado en más detalles sobre el sitio al que hemos ido este año estaremos encantados de informar. Como titulamos el primero post de la temporada, ¡Que vuelvan los viajes!, que es lo que más nos gusta hacer y contar. Hasta el año que viene.
Luis y Elena

2 comentarios sobre “El desierto de Terra Boa

Agrega el tuyo

Replica a Rocio Cancelar la respuesta

Blog de WordPress.com.

Subir ↑