Los delfines de la Isla de Sal

Olá queridos leitores…

Hoy son todo buenas noticias y algo de parte médico leve. Esto del buceo que parece algo tan plácido y tranquilo tiene sus secuelas molestas. Tenemos todo el cuerpo lleno de heriditas y cardenales de chocarnos con las rocas y corales del fondo y de subir y bajar de la zodiac cutre salchichera con la que nos llevan al mar. Además, si el primer día me quemé un poco la calva, hoy me he quemado un poco los antebrazos, porque llevo un neopreno de manga corta que me ha dejado un bonito moreno a franjas tan típico de albañiles y ciclistas. El caso es que las dos bajadas de hoy han estado bastante bien, el buceo por aquí nos está gustando mucho, más de lo que me esperaba, la verdad. Hoy lo más destacado no ha estado debajo del mar, ha estado en la superficie cuando volvíamos de la primera inmersión y una considerable manada de delfines ha aparecido para ponerse a nadar alegremente al lado de la barca. Deberías haber visto ahí a los buceadores comprometidos con su aficción asomados a la borda metiendo la cámara debajo del agua con la esperanza de grabar a los simpáticos bichos en video. Yo no, por supuesto, yo me he limitado a quedarme de pie con aspecto de lobo de mar hecho a todo… Menos a esto, al parecer se les oía cuando estábamos abajo, y yo no me he enterado de nada. Se oyen tantas cosas raras ahí que ni me había fijado…

Por lo demás la cosa es bastante rutinaria, ya vamos teniendo controlado la parte interesante del pueblo, que consiste en una calle peatonal y un par de callejones de pintoresco encanto. Y el bazar chino, por supuesto. al que hemos tenido que recurrir un par de veces para reponer lo que se quedó en la maleta perdida, Hablando del tema, ¡¡ APARECIÓ LA MALETA!! Hoy al volver de comer estaba esperándonos en el despacho del director, no veas que subidón y que alegría. Elena casi llora y todo. Ha llegado con 4 días de retraso, sucia como si la hubieran arrastrado por los almacenes de los aeropuertos de medio mundo, pero ha llegado. Entera e intacta. Todo encarrilado a partir de ahora, problemas del primer mundo….

Y respecto a los bares y garitos del pueblo, lo más destacable es que ayer acabamos con la cerveza del sitio al que hemos ido un par de veces. Es una tabernilla como medio secreta de mucho encanto que ponen unos botellines de Strela helados buenísimos. Ayer cuando se lo pedimos al encargado me pareció que ponía cara rara, pero lo achaqué a que, como nunca dejamos propina (somos turistas, no conocemos las costumbres, tampoco es para ponerse así) igual estaba el tío un poco mosqueado. Pues no, no es eso. Cuando pedimos la segunda ronda se nos pone el hombre todo triste diciendo que nos habíamos bebido sus dos últimos botellines, que no había ido el repartidor, que estoesafricanoportugal y que lo siente mucho pero no hay más Strela. Con la cabeza gacha nos pregunta muy avergonzado si no nos importa que nos traiga dos botellines de Super Bock, el equivalente portugués. Ya ves tú qué sacrificio…

Anoche cenamos en un sitio bastante chulo que tenía medio investigado por internet los días previos, con el pomposo nombre de Chez Pastis, y que es un callejoncillo entre dos casas con una parra a modo de rústica techumbre, y en el que han encajonado 7 u 8 mesas pegadas de forma que no te quede más remedio que hacerte amigo del que está cenando a tu lado. o eso al menos es lo que pone en la muy creativa carta del establecimiento. Nosotros tuvimos mejor suerte, nos tocó una mesa un poco más aislada que bloqueaba la salida de la cocina y que el camarero esquivaba con los brazos cargados de platos y la habilidad que da la práctica. Peor lo tenía el que le tocó en la puerta del baño y tenía que apartarse un poco cada vez que alguien entraba o salía… El local sería un poco incómodo, pero la comida estaba buenísima. Es un sitio especializado en carnes brasieñas extreme high quality como dice la carta, que nos supieron a gloria bendita.

A ver si hoy, cumpliendo la promesa que le hice a Elena sobre el día que apareciera la maleta, encuentro algún sitio no demasiado turístico para ir a cenar langosta a la parrilla, que parece algo bastante típico. Nos vamos a tomar cervezas, a ver si acabamos también con el stock de Super Bock del amigo de la tabernilla. Seguiremos informando.

Un comentario sobre “Los delfines de la Isla de Sal

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  1. Jambo!! ¡Me impresionáis! Pensaba que diríais NO a Superbock pero veo que África os hace ser más tolerantes y hasta un poco entusiastas; ó será la sed… (?)
    ¡LA MALETA! A mi también ¡se me nublan los ojos de pensarlo! Sobretodo, por la ¡Langosta a la parrilla!
    ¡Seguid disfrutando! Yo os seguiré leyendo mientras desayuno en las frescas 🫠 mañanas de madriz…

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