Kenting: Como dos chinos más

Hola 你好 Nǐ hǎo

Bueno, vamos pudiendo poco a poco con la cosa. Como ayer y hoy han sido dos días prácticamente iguales, haremos un post resumen para ponernos un poco al día, que con uno solo cubrimos las dos jornadas… Ya os contamos que teníamos tres días en el sur de Taiwan, en un parque nacional que se llama Kenting, lugar típico de vacaciones para los turistas chinos y taiwaneses que vienen por aquí, debido a sus playas y naturaleza salvaje. Estamos en un hotel-resort familiar dirigido a familias chinas con niños, no demasiado lujoso y mas bien agitadillo con tanta chavalería y tanta piscina. Tampoco es que hagamos mucho uso de las instalaciones, la verdad, porque nos pasamos las mañanas fuera, la mitad de la tarde echando la siesta y parte de la noche en el pueblo, así que aparte de algún ratillo de piscina, no es que suframos mucho. Elegimos éste hotel porque parecía el de mejor pinta de la zona, porque tenía playa y porque está muy cerca del pueblo. Mira, si durante las cervezas a última hora de la tarde en el bar de la piscina tenemos que oir a las madres chinas gritándoles a los niños para que se salgan del agua antes de que se disuelvan despues de 6 horas en remojo, que se le va a hacer… Vamos con la crónica de la actividad diaria.

Nos recogen a las 7 y media de la madrugada (uuufff), viene una china muy fea en un monovolumen decrépito a por nosotros y a por los tres o cuatro turistas más alojados en los alrededores, para llevarnos al centro de buceo. Centro que reservamos por internet hace unas semanas, pero que debido a los problemas de comunicación con esta gente tan rara, no estábamos seguros de cómo se llamaba. Habíamos contactado con tres o cuatro y, francamente, no estábamos muy seguros del nombre del sitio con el que íbamos al final. Es que tendríais que leer los correos que nos cruzamos con ellos para preguntar por disponibilidad y traslados, como hablar con un marciano. Os podéis imaginar el mosqueo cuando, al poco de llegar al hotel, me llama al móvil una tía que en un inglés de no más de 20 palabras intenta confirmar la hora de recogida y el hotel. Tuve que deletrearle el nombre mientras ella lo buscaba en el google maps a la vez, así que tranquilizados por esa muestra de confianza y profesionalidad, nos plantamos al día siguiente a las 7 y media con todo nuestro aparataje de buceo a cuestas, a esperar a que viniera alguien. Y vino. Contra todo pronóstico, encontró el hotel, la recepción y el edificio en el que estamos. Impresionante…

Lo del buceo bien, no vamos a entrar en detalles técnicos que no le interesan a nadie, pero el centro, el barco, los guías y las inmersiones, en general, mejor de lo que esperaba dados los antecedentes y los problemas de comunicación. Sobre la una o una y media nos traen de vuelta al hotel, nos damos una ducha, nos ponemos ropa de personas humanas normales y nos vamos dando un paseo al pueblo que está a 10 minutos andando. Hemos encontrado una especie de restaurante chino-americano llamado Smokey Joe’s que no está mal del todo, teniendo en cuenta que debe ser el único que a esa hora aun tiene la cocina funcionando. Aquí hacen la comida principal sobre las 12, por lo que sentarse a comer a las 2 y pico les debe parecer casi una merienda cena. El caso es que dan unas pintas de cerveza bastante bien tiraditas, que se agradece una barbaridad.

Despues nos toca un par de horas de meditación zen en la habitación con el aire acondicionado (cuando funciona correctamente) a tope, para bajar la torradera que nos cae volviendo de comer. Al atardecer, que aquí es sobre las 6 y media, nos bajamos al chiringuito de la piscina a tomar algo. Dan unas cervezas que son una birria, que se mueren en 45 segundos y que en minuto y medio se han convertido en un caldo tibio francamente imbebible. Es curioso esto, los chinos no beben cerveza. Bueno, ni vino, ni licores, ni nada. Gente rara ésta. Nos ignoran completamente, como si fuéramos invisibles, y eso que somos, literalmente, los únicos clientes occidentales del hotel, y debemos destacar como un loro rojo en medio de la nieve…

La cena. sobre las 8, y siempre somos los últimos en entrar al comedor (para dejarse ver, ya sabéis), tienen dos turnos, y el primero empieza a la muy poco civilizada hora de las 6 de la tarde. La cena, a las 6 de la tarde… Es un buffet monstruoso, casi todo comida china (que ya me está cansando un poco, la verdad), y los turistas aquí se llenan los platos como si aun recordaran las hambrunas de la posguerra. Se sirven unas raciones desmesuradas que luego, lógicamente, no pueden terminar, y da un poco de pena ver la cantidad de comida que se llevan las camarareras para tirar. Van los tíos con el plato en la mano apresuradamente entre los mostradores, como con ansiedad, empujándose unos a otros no sea que se acabe la comida. Lamentable… Nosotros, viajeros occidentales civilizados, paseamos tranquilamente entre la gente decidiendo con criterio y buen gusto. He tenido un pequeño malentendido con el del tirador de cerveza, que tiene las jarras de medio litro preparadas con tres dedos de espuma para que no se muera, porque el cenutrio de él, cuando le pides una jarra, coge una cuchara para quitar la espuma y rellenarla con el pis de gato que sale del grifo. Si la cerveza nacional ya es mala (Taiwan Beer se llama, con gran imaginación), al menos con tres dedos de espuma aguanta viva un minutillo mas. La cara que me ha puesto al pedirle que me dejara la espuma ha sido un poema, debe pensar que estoy mas loco que lo que yo pienso que está él…

Despues de cenar, nos damos otro paseo hasta el pueblo para ver el mercado nocturno, que es algo mas turístico que los de Taipei, aunque los olores de los puestos de comida son los mismos. Bastante interesante, mucha gente paseando y comiendo guarradas, y muy divertido. Nos da la impresión que en este pais son mas bien nocturnos, lo cual no es de extrañar al menos en verano, porque de día hace un calor que no hay quién lo aguante. Por la noche la cosa es mas soportable, y de hecho las tiendas y restaurantes del pueblo están cerrados hasta las 6. A ver si mañana volvemos y compramos los dos o tres souvenirs chorras de cada viaje antes de marearnos con el repugnante olor del tofu cocido…

Mañana tenemos el último día de buceo, y al día siguiente volvemos a Taipei una sola noche que se presenta intensa. Seguiremos informando

zàijiàn 再見

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