(Lo se, lo se, este año falta regularidad en los posts. Disculpadme, es culpa de los dos o tres golpes de calor que me dan al día)
Bueno, esto ya es otra cosa. Despues de una semana francamente mejorable, empezamos la etapa de turismo urbano-monumental-gastronómico-cultural. Tenemos tres días por delante en San Juan, capital del estado libre asociado de Puerto Rico, en el casco histórico que, como habréis adivinado, se llama «Old San Juan» o «El viejo San Juan». Declarada Patrimonio de la humanidad por la UNESCO, es la segunda ciudad mas antigua de América despues de Santo Domingo en la República Dominicana, fue fundada en 1521 por Ponce de Leon, tiene dos fortalezas antiguas de la época colonial y mucho monumento que visitar. Nos hace mucha ilusión, sobre todo despues del primer contacto de ayer. Vamos con la crónica mas o menos diaria.
Ayer por la mañana bajamos por última vez al centro de buceo a recoger los equipos, despedirnos de nuestos amigos buceadores entre grandes abrazos, palmadas en la espalda e intercambio de líquidos de vapeo, hacer un pequeño ajuste con las cuentas que nos habían cobrado de más, y llevarnos dos camisetas que nos han regalado. Despues del estacazo al pagar la cuenta del hotel (que ya habíamos asumido con gran resignación) vino a recogernos el trasporte que teníamos contratado (a precio de oro), un chico muy simpático que se ha presentado en un Lincoln con asientos de cuero y adornos en maderas nobles tremendo, casi presidencial. Casi hora y media ha costado llegar hasta el centro de San Juan, pero la verdad es que ha estado entretenido porque hemos tenido una interesante charla sobre la historia y la actualidad de la isla, que siempre viene bien.

Nuestro hotel se llama El Convento, y es, como su propio nombre indica, un antiguo convento fundado en tiempos de Felipe IV, «El Rey Pasmado», del que hay un retrato en la entrada. Es un edificio precioso, perfectamente conservado, pero con habitaciones y servicios modernos. Parece un Parador, la verdad. Nos ha encantado, así que con el subidón de ver la diferencia con el hotel anterior, y mientras nos preparaban la habitación, nos hemos ido a comer y a dar un paseo por los alrededores. Una preciosidad de barrio, muy turístico (y por tanto muy vigilado y seguro), de calles adoquinadas que conservan el empedrado original desde hace siglos y pintorescas casitas de estilo colonial, lleno de bares, restaurantes, tiendas de souvenirs y artesanía, muy chulo todo. Eso sí, un calor aplastante, tanto que nos hemos metido en unos grandes almacenes a comprar ropa de turista, porque yo estaba que me asfixiaba, así que despues de que nos dieran la habitación, me he plantado las bermudas de guiri y nos hemos pateado unas cuantas cuadras a modo de primer contacto.

Como ya sabéis, el principal enemigo del turista es la deshidratación. Esto, que en Estocolmo o Copenhage no pasa, aquí es un peligro constante, que se combate y previene a base de frecuentes paradas en bares pintorescos (hasta hemos localizado un par de ellos que tienen Mahou, a precio de importación, claro) y, en nuestro caso, con una degustación de quesos y vino que organiza el hotel todas las tardes a las 6. Llamadme pijo, pero deberíais habernos visto allí, en la terraza del hotel-parador, con cara de gente de mundo, viendo la puesta de sol mientras comparamos garnachas y tempranillos para maridar con curados de vaca y picante de cabra con ajo. No muy bien vestidos, eso sí, porque despues nos hemos dado un bañito en la micro piscina de la azotea que me ha sentado de miedo tras la torradera que ha caído por la tarde.
Ah, la crónica nocturna merecería un post en sí misma. Empezamos con una cervecita (una Negra Modelo mejicana para variar) en la terraza de un bar cercano algo cutre que se llama «Marilyn place», y continuamos cenando en un mejicano bastante bueno llamado «Greengos» (reseña gastronómica al final, como siempre). Esta parte de la ciudad tiene fama por su animada y pintoresca vida nocturna, o eso al menos teníamos leído antes de venir, porque anoche no había casi nadie por la calle. Puede que fuera lunes o vaya usted a saber, el caso es que frente al hotel hay un bar llamado El Batey que os juro que es el tugurio mas cutre en el que me he metido en mi vida, y mira que he estado en antros… El caso es que nos tomamos una copita allí, acodados en la barra poniendo cara de gente acostumbrada a todo, mientras yo charlaba animadamente con el parroquiano de al lado sobre mi artilugio de vapeo.

No pude evitar la tentación de hacerle una foto al baño, y sólo como medida de la clase y nivel del establecimiento, aquí os la presento. Digno de reyes, oiga. También tengo una del interior, pero como esto lo pueden leer niños, el que la quiera que me la pida. Me picaba todo el cuerpo al salir de alli…
Reseña gastronómica
A mediodía comimos en un bonito y pintoresco restaurante típico, mi segundo mondongo mofongo seguido, que es un cuenco hecho con pasta de plátano macho frito relleno de carne, bastante bueno. Elena ya no sabe qué hacer ni que decir para que no le pongan cilantro en la comida, que aquí se lo echan hasta en el café con leche. Ha pasado de pedirlo por favor a decir que es alérgica y hoy jura que va a usar las amenazas, a ver si lo consigue.

Aquí abajo, foto del bonito y pintoresco mejicano de la cena y de una de sus clientes mas felices degustando una de sus famosas margaritas clásicas con sal. Unos tacos macanudos, güey, aunque el pendejo del mesero parecía regañao y se quedó sin propina, por chingón…

Hoy hemos reservado en un sitio de estrella michelín en potencia (eso dicen ellos), ya contaremos qué tal.
Hala, mañana mas, que habrá post histórico-monumental
Se os ve como mucho mejor ánimo. A seguir disfrutando.
Me gustaMe gusta
La puerta de w.c. De Batey apunta mezcla entre A Porkona y walking dead… Mandad foto por privado… 🙂 Pua sigue haciendo mondongos en la terraza…
Me gustaMe gusta