Luis y Elena en Tokyo: Cuarto dia

Queridos lectores, abrumado por el enorme numero de respuestas (un total de tres) que he recibido, me animo a seguir con estas crónicas con la intención de seguir iluminando vuestros espíritus, alimentando vuestra sed de saber y saciando vuestra curiosidad por las culturas exóticas.

Hoy hemos vuelto al turismo de infantería, esto es, nos hemos hartado a andar. Y eso que hemos cogido el metro, pero da igual: Al final andas mas que un peregrino. Primero hemos visto un templo, para compensar el deficit de templos de ayer. Luego hemos estado buscando a los frikis que se disfrazan, en el parque donde nuestra guía turística de bolsillo dice que se juntan los domingos. Ni uno, solo dos colgados tocando los bongos y algunos haciendo footing. Bueno, la verdad es que a la salida del parque hemos visto a una chica vestida como de dama victoriana, pero tan rodeada de turistas occidentales haciéndose fotos con ella que daba un poco de pena, la pobre. Yo creo que en realidad les paga el ayuntamiento para promocionar el turismo.

Después hemos estado en una calle muy curiosa llena de tiendas de adornos para adolescentes japonesas (imaginaos, queridos lectores, tienda tras tienda de colgantes para moviles, todos rosas), pero el caso es que no había ni una, todo eran turistas. Lo que parecía un día arruinado se ha arreglado cuando hemos entrado en una macro juguetería de 6 pisos en la que, yo al menos, no he encontrado absolutamente nada original que llevar a mis sobrinos y ahijados. Digo que el día se ha arreglado porque Elena ha descubierto la sección «Hello Kitty» de la tienda y entonces ha enloquecido. He conseguido aguantar estoicamente media hora larga mientras Elena comparaba muñecas de Hello Kitty vestidas de geisha que yo (y, para el caso) cualquier hombre juraría que son exactamente iguales. Hasta se ha comido un helado de Hello Kitty…

Tambien hemos intentado encontrar los famosos «hoteles del amor», esa especie de hostales temáticos para parejas, y algo hemos visto, pero debido a nuestro analfabetismo no estamos seguros. Mucha cortinita, mucha luz parpadeante, pero nada mas. Ni idea, oye.

Apartado gastronómico: Creemos que hemos probado el «ramen», que es uno de los platos nacionales. Digo «creemos» porque en la carta no decía nada (nada que pudiéramos leer…), pero lo que hemos comido encaja con la descripción del ramen que habíamos leido en internet: Un plato sopero lleno de sopa miso, tallarines y otras cosas desconocidas. Yo he pedido el numero 6 de la carta, Elena el numero 4 y cuando los han traido, nos hemos pasado un rato comparándolos porque eran exactamente iguales. El suyo parecía tener unas cosas blancas flotando que no tenía el mío, pero nadie puede asegurarlo. Bueno, el caso es que no estaba mal. Al menos la cerveza es buena…

La cena ha molado porque hemos estado en un koreano, de los de parrilla en la mesa con carne para hacer a la brasa. Tenían menu en ingles para clientes que no entiendan el japonés, pero lo cachondo es que el camarero no podía leer en inglés, así que tenía que memorizar la posicion en la carta de las dos cosas que hemos pedido y luego comparar con su carta japonesa para averiguar qué habíamos pedido. La carne estaba buena, pero me ha encantado una cosa que a mi hermano Adolfo le volveria loco: Encima de la parrilla ponen un cacharrito metálico con aceite de sésamo y ajos crudos, para que se frían en el aceite y comerlos despues con la carne. Muy ricos.

Bueno, no os aburro mas. Mañana vamos, por fin, a la parte de las tiendas de electrónica, a ver qué veo y si me compro algo, porque hasta ahora no he comprado absolutamente nada que no se coma. Sayonara

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