Que, ¿mucho frío en España? lo pregunto con toda la maldad del mundo desde la preciosa ciudad de Brisbane, en el estado de Queensland, con unos aplastantes 32º a la sombra en un domingo de principios de verano. Lo más chocante es ver la iluminación festiva y los árboles de navidad en las zonas comerciales con todo el mundo en bermudas y chanclas. Algún escaparate se atreve a poner un simulacro de nieve con algodón, pero la cosa en general queda poco creíble. Nada que ver con los despliegues de luz y color de algunas ciudades europeas.
Como llevo un día de retraso en los posts, vamos a ir poniéndonos al día. Salimos ayer de Byron Bay a media mañana muy mentalizados para afrontar el viajecito de dos horas y pico hasta Brisbane. Para mí, que soy el que tiene que llevar el coche, conducir por la izquierda en una autopista es igual de rollo que conducir por la derecha. Para Elena fueron dos horas de angustia en estado puro, venga a quejarse de que me pegaba mucho a su lado del carril y veía los coches muy pegados. Pelín estresante todo, pero la buena noticia es que no hubo ninguna noticia. Todo bien.

Antes de devolver el coche y como medio para llenar un par de horas nos desviamos un poco para visitar un santuario de koalas ya cerca de Brisbane. Es una especie de mini zoo que, aparte de koalas (un animal muy mono pero notablemente inactivo), tienen algún que otro bicho típico de la tierra, como canguros, un cocodrilo y algunos pájaros exóticos. El gran negocio aquí consiste en cobrarte por hacerte una foto sujetando un koala (que van cambiando cada poco, no sea que se estrese demasiado por ir de brazo de turista en brazo de turista) y los saquitos de pienso que te venden para que des de comer a los canguros. Te metes en el recinto todo ilusionado con tu montoncito de pienso en la mano para descubrir que los pobres canguros, además de estar aplastados por el calor están hartos de pienso y por mucho que te acerques a ellos con la mano llena de bolitas de apestosa comida no te hacen ni puñetero caso. Yo ni los toqué, tienen los pobres una pinta de sarna y parásitos que dan miedo. Seguro que los tienen perfectamente atendidos y cuidados, pero oye, mejor no tentar la suerte.

Devolvimos el coche en el aeropuerto sin más incidentes (y considerable alivio, para ser sinceros) y nos vinimos en taxi al hotel de Brisbane. La ciudad es una preciosidad, en la rivera de un río enorme, todo muy moderno y con grandes rascacielos por dónde mires. Esta mañana me ha llevado Elena a ver un sitio que ella conocía de cuándo estuvo aquí por trabajo hace unos años, un parque que han montado en la orilla sur del río para rehabilitar la zona. No es que hayan montado sólamente un parque, es que junto al paseo de la rivera del río han hecho unas piscinas públicas fenomenales. Ahí, en mitad de la calle, con socorrista, vestuarios, baños, taquillas, heladería, bar y el resto de infraestructura. Gratis. Abierto a todo el mundo, sin vallas ni nada, para disfrute de locales y visitantes. Hay hasta un río con esclusas para que los niños hagan presas con las piedras del fondo. Y barbacoas de gas para uso público. Y todo impecablemente limpio y cuidado. Ahí hemos echado un ratillo, con los pies metidos en el agua tan contentos…

Habréis notado que en este viaje no hay sección gastronómica, la razón es que la comida en Australia, como os podéis imaginar, es muy poco exótica. No hemos visto que den carne de canguro en ningún sitio (aunque nos consta que se lo comen, o solían comérselo) y, si lo llegamos a ver, no se si no me apetecería más un buen trozo de carne de vacuno como Dios manda. Hemos comido (pizza) hoy en una macro cervecería llamada Felons que hay debajo del puente antiguo de la ciudad, un local inmenso con cientos de mesas y una decena de barras en las que brillan cómo espadas al sol los tiradores de las 8 ó 10 cervezas distintas que hacen. A pesar del tamaño funciona bastante bien, da gusto ver las barras atendidas por el personal suficiente, nunca tienes que esperar, en cuanto te acercas ya viene uno a preguntarte. Ah, y hemos probado por primera vez lo de pedir y pagar desde el móvil sin que tengas que esperar a que te traigan un menú o te tomen nota. Una maravilla.
Mañana volamos a Cairns, dónde estaremos tres días, dos de ellos de buceo en la gran barrera de coral. Ya os contaremos qué bicherío vemos y cuál nos comemos…
Saludos
Luis y Elena
Deja un comentario