Dos nuevos buceadores

Holaaaa, saludos desde la exótica y salvaje Punta Cana, tierra de aventuras al límite y experiencias extremas dónde lo peor que te puede pasar es que se les acabe a los camareros el hielo para las margaritas. Nuestro grupo de arrojados expedicionarios ya va más o menos orientándose entre las piscinas y los restaurantes temáticos, aprendiendo cómo pedir los chupitos de despues de comer con cara de gente de mundo. Hay dos cosas importantes a tener en cuenta cuando vienes a estos sitios:
1.- Cuidado con las muestras de cariño como abrazos y palmadas en la espalda porque la pulserita del «todo incluido» araña.
2.- Localiza cuanto antes el bar dónde ponen las cervezas en copa de cristal. En los vasitos de plástico de los demás sitios la limonadilla local se muere antes.
Lo demás es muy fácil, cuesta un poco al principio hacerte una idea de cómo organizan el buffet del desayuno, que es bastante grande y bien surtidito, pero le coges el aire enseguida. Y otra cosa, las bebidas te las traen a la mesa, incluyendo el café, que hoy me han reñido por levantarme a buscarlo yo mismo. Recuerda: Comida tú, bebida la camarera. Fácil, ¿no?

  Los restaurantes temáticos (los 8 ó 9 que hay) son otra cosa, más complicado. Debido a que tienes que competir con el resto de huéspedes por los recursos disponibles, la gerencia del hotel ha decidido que es mucho mas divertido no admitir reservas en esos restaurantes, y dar mesa por estricto orden de llegada. Así pueden ver cómo se pelea la gente por una mesa en el mejicano o el indio. Hay gente haciendo cola a las 6 de la tarde esperando a que abran, porque como llegues mas tarde de las 8 y media, ya no te dan de cenar. Así que el truco, como aprendimos ayer, es presentarse en la puerta del sitio sobre las 8, decir el número de personas que somos (11), observar detenidamente la cara de susto de la encargada de la lista de mesas, y responder con resignación cuando te dicen que hay mas de una hora de espera. Te dan un cacharro avisador y te vas tranquilamente a tomar cañas al bar que previamente has localizado, satisfecho con tu astucia, sabiendo que vas a cenar a una hora decente (en sentido español) y no cómo el resto de la humanidad que tienen, todos ellos, el horario equivocado. Luego, cuando te sientan, estarás esperando hora y media a que traigan la comida, pero es que aquí son así, no se puede evitar. Mira, si querías rapidez y precisión, haber ido a Suiza. Esto es el Caribe, mi amol 😉

¿A que echabáis de menos las crónicas sobre buceo? No preocuparse, hoy habrá una, pero ésta vez los protagonistas no somos  Elena y yo, sino los dos nuevos buceadores que hoy han probado el veneno por primera vez. Son dos chavales (Paco y Cristina) de 16 y 14 años, parte del grupo expedicionario, que ya habían dicho que querían probarlo. Ella es incluso ahijada nuestra, así que henchidos de orgullo, nos hemos presentado esta mañana con ellos de la manita en el centro de buceo para que hicieran el cursillo de iniciación. De milagro no se han venido tambien los enanos (11 añitos) a los que los espabilados del centro  querían meter tambien en el curso. Con tal de vender, son capaces de meter a bucear a ancianos y recién nacidos, de verdad…

Dejando aparte la chapucera operación general (barquichuela de pesca, equipos viejos y medio rotos, instructor borde y desganado) de la que los chavales no se han enterado, la cosa ha ido muy bien. Nos han bajado nada, 4 metros, pero han podido ver un par de mantas rayas, muchos peces de colores, y han disfrutado como enanos subiendo y bajando sin control y sin peligro. Y todo documentado en video, que más importante que la experiencia es enseñárselo a los coleguillas de clase, ¿no? Bueno, y yo he perdido mis gafas de bucear, por un error de principiante, y me han tenido que dejar unas. No pasa nada, aparte del valor sentimental (lo de haberlas llevado en los siete mares y cosas así) no es grave, aprovecharemos para renovarlas
Poco mas, creo que un día de estos me llevan de pesca, así que si no hay mas novedades, seguiremos informando como siempre: Casi todos los días.
Saludos desde el Caribe

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