De San Juan a Punta Cana

(Post dedicado a mi amigo David que anda el hombre pasando unos días malos. Animo ahí)
Tercera etapa del viaje en marcha, penúltimo hotel de las vacaciones, vamos pudiendo con la cosa. Ayer fue el último día en Puerto Rico, que aprovechamos para rematar las últimas visitas y las últimas compras de souvenirs. Empezamos el día viendo la catedral de San Juan que, por supuesto, está consagrada a San Juan (Bautista), una típica iglesia barroca de estilo colonial en la que está enterrado Ponce de León, muy colorista y antigua. 

Despues, otro castillo, la fortaleza de San Cristóbal, que a todos los efectos, es igual que la de San Felipe, hasta han copiado los carteles explicativos de la vida militar y la importancia estratégica. Releeros el post correspondiente, que no vamos a repetirlo aquí.
Claro, dos visitas monumentales seguidas bajo un sol de justicia lo que provocan (aparte de varios golpes de calor) es una sed horrible, y como ya era la hora del aperitivo (es lo que tiene salir a hacer turismo a las 11, que se te echa la mañana encima sin darte ni cuenta), ya estaréis imaginando lo que fuimos directos a hacer. Pues no. Esta vez no. Resulta que habían llegado al puerto dos mega cruceros de esos que cuando abren las puertas parece el desembarco de Normandía, y estaba el centro histórico completamente atestado de americanos gordos y sudados. Casi dos manzanas dos tuvimos que recorrer para encontrar un bar decente, un asador con una agradable terraza y un camarero muy simpático que se alegró mucho de que fuéramos de Madrid porque había estudiado en la Complutense. Comimos enfrente, en un mejicano buenísimo que teníamos en la lista desde hacía un par de días. Fondue de queso (no muy típico de Méjico, cierto), guacamole, tacos y una especie de tartar de atún rojo. Todo bastante rico.

Por la tarde, despues de las compras y la recomendable siesta para evitar las horas centrales del día, queríamos ir a un par de sitios pendientes, entre ellos un bar llamado Barrachina en el que, según afirman ellos en una placa en la calle, se inventó la piña colada en los años 60. Lamentablemente estaba cerrado, y me imagino porqué: Quedada de chavales en la esquina para cazar Pokemons. Hasta Elena se sumó a la movida. A mí a veces me da un poco de cosa ver esto, la verdad… Para cenar teníamos pensado un sitio en la azotea del hotel, pero entre que estaba medio lloviendo, y que hemos acabado un poco hartos de comer mondongos mofongos, al final nos pudo la pereza y acabamos en un sitio de pizzas artesanas muy digno. Al menos es un cambio, y no tenían cilantro 😉

Y adios a Puerto Rico. Nos ha gustado mucho, sobre todo la parte vieja de San Juan y la gente, que me han caído fenomenal. Andan los pobres apuradillos de pasta, y no parece que los americanos tengan muchas ganas de ayudar. Como nos dijo un conductor el otro día, son «Estado libre asociado» para unas cosas sí pero para otras no. Lo que mejor les venga en Washington, vamos…
Esta mañana cogimos el vuelo a Punta Ćana que son sólo 50 minutos, una gloria, aunque a mí me hacía mas ilusión haber ido en un ferry que tarda toda la noche en llegar, pero que tiene casino, bares de copas, discoteca y cachondeo en general, pero no me dejaron. Con buen critero, lo se, pero a mi me gustaba la idea. El caso es que al salir del aeropuerto de Punta Cana nos estaba esperando el trasporte que teníamos contratado a una empresa llamada, con todo el morro del mundo, «Limusinas Punta Cana» y que no se si tendrán limusinas, pero el coche que nos estaba esperando era la típica berlina americana de las que usaba el presidente del pais cuando esto era una república bananera. 

Según arranca el motor el amable chófer, empieza a salir humo del capó, y a arremolinarse gente con ganas de opinar sobre el problema. El consenso final ha sido que se rompió el manguito del aire acondicionado, así que resignados a viajar sin aire, hemos vuelto a entrar al coche. No arrancaba, se había quedado sin batería. El abochornado conductor, despues de pedirnos disculpas, ha conseguido encontrar en el maletero las pinzas para conectar la batería, ha llamado a un amiguete para que viniera al rescate, mientras varias personas intentaban sin éxito abrir el capó. Imposible, sin batería no funcionaba ni el cierre centralizado, nada, el coche estaba muerto. Total, al final nos ha traído al hotel el amigo del conductor. Un show…

El hotel, por lo que hemos visto hasta ahora, está bastante bien, mucho mejor que el de Puerto Rico. A última hora de la tarde llegó sin novedad pero con mucho sueño el resto de la expedición, menos uno que no ha podido venir por motivos familiares y al que echamos mucho de menos y por el que brindamos con cada copa. Total, aquí hemos venido a lo que hemos venido, y la primera toma de contacto promete. Mira, igual hasta nos hacemos alguna inmersión, que se que os habéis quedado con ganas de historias épicas sobre buceo 🙂
Seguiremos informando, saludos desde el Caribe

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑